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A la cintura de una muchacha

Escrito el Viernes, 19 de Marzo del 2010
4
Vota!
Oh, delgado contorno de la vida.
El fluir de la sangre en él acaba.
Oh, columna de luz y ansia de lava.
Volcán para mi mano estremecida.
Límite de la tarde preferida,
bajo un torso de niebla enajenada.
No hay tránsito a la noche enamorada,
pájaro sometido y sin salida.
Oh, ese cerrado cielo en que se unen
el poderoso mare y el labio suave
de la tierra: horizonte atormentado.
Cómo acecha la muerte ese volumen
hermoso, tan levísimo e ingrave.
Oh, la flecha de Dios en tu costado.
11634093651

A la cintura de una muchacha

Oh, delgado contorno de la vida.

El fluir de la sangre en él acaba.

Oh, columna de luz y ansia de lava.

Volcán para mi mano estremecida.

Límite de la tarde preferida,

bajo un torso de niebla enajenada.

No hay tránsito a la noche enamorada,

pájaro sometido y sin salida.

Oh, ese cerrado cielo en que se unen

el poderoso mare y el labio suave

de la tierra: horizonte atormentado.

Cómo acecha la muerte ese volumen

hermoso, tan levísimo e ingrave.

Oh, la flecha de Dios en tu costado.

Vicente Gaos

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Abrazos

Escrito el Jueves, 18 de Marzo del 2010
6
Vota!
“Tenme junto a ti de mil maneras”
I
Hambrientos y desnudos,
van mis brazos en busca de un abrazo,
arrastrando abandono,
y abiertos en silencio en doble arco.
En las mieses maduras del gentío,
separan las espigas cuando avanzo.
Qué insípida igualdad de multitudes,
sin destacarse variedad ni encanto.
Roja de sangre, tímida amapola,
¿dónde te ocultas, bajo el sol de mayo?
Mira que vengo ahogado de infortunio,
y te quiero adherir a mi costado.
II
Sentada en mis rodillas, desprovista
de palabras, ideas y reclamos,
recoge mi hombro el rostro,
leve sonrisa y ojos entornados.
Flota en el aire la quietud dormida,
con auras místicas de epitalamio,
y la mente vacía se columpia
en la sombra de un mundo imaginario.
Nada se mueve en torno,
como el agua tranquila del remanso;
detenida la arena en la clepsidra,
dormido el viento, inmóviles los pájaros…
Qué abrazo interminablemente dulce;
no te muevas, mujer, de mi regazo.
III
Este abrazo, mujer, viste mi cuerpo
de la túnica azul de tu arrebato,
marea de tu mar, contra las rocas
firmes y erectas de mi acantilado.
Cúbreme de ti misma, que al ceñirme,
tus labios con los míos amordazo,
y sólo el alma me hablará en tus ojos,
y me transmitirá tus sobresaltos.
Estrecha el cerco, que aún no somos uno,
que dos es casi tanto como varios…
Desliza la rodilla entre mis piernas,
que a mi tigre despierta como un látigo,
y en ímpetu salvaje se abalanza
hacia tí incontrolable, incontrolado.
Abrazo vertical, exuberante,
nudo incondicional, íntimo abrazo.
IV
Se alejaron las aguas torrenciales
que el paisaje arrasaron a su paso;
desanudóse la atadura firme
y la pasión degeneró en letargo.
Mi cómplice, mi amante,
yace exhausta a mi lado.,
y los brazos que fueran energía,
se hallan ahora en descanso.
Se despierta la brisa junto al río,
coqueteando inquieta entre los álamos,
y se percibe el agridulce aroma
de almendros, limoneros y naranjos.
El sol naciente besará tu espalda,
y se adormecerá en ella mi mano,
y tamborilearán sobre mi pecho
tus finos dedos largos.
Lentas las horas van, y silenciosas,
seco el sudor, y el ímpetu apagado,
sueña despierta junto a mí, y sonríe
al sentir en tus párpados mis labios.
pasion

Abrazos

“Tenme junto a ti de mil maneras”

I

Hambrientos y desnudos,

van mis brazos en busca de un abrazo,

arrastrando abandono,

y abiertos en silencio en doble arco.

En las mieses maduras del gentío,

separan las espigas cuando avanzo.

Qué insípida igualdad de multitudes,

sin destacarse variedad ni encanto.

Roja de sangre, tímida amapola,

¿dónde te ocultas, bajo el sol de mayo?

Mira que vengo ahogado de infortunio,

y te quiero adherir a mi costado.

II

Sentada en mis rodillas, desprovista

de palabras, ideas y reclamos,

recoge mi hombro el rostro,

leve sonrisa y ojos entornados.

Flota en el aire la quietud dormida,

con auras místicas de epitalamio,

y la mente vacía se columpia

en la sombra de un mundo imaginario.

Nada se mueve en torno,

como el agua tranquila del remanso;

detenida la arena en la clepsidra,

dormido el viento, inmóviles los pájaros…

Qué abrazo interminablemente dulce;

no te muevas, mujer, de mi regazo.

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Carta a Antonio

Escrito el Miércoles, 17 de Marzo del 2010
4
Vota!
hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.
Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;
como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed
quemante de mi vida.
¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de
rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto,
el polo que imanta mi vida.
Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto
de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.
Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres:
hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella,
gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.
Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire;
cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de
tu manos. Guárdame junto a ti.
Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel
punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu
lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará
e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano
sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.
Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte
que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.
En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.
Frente a tus ojos el fuego inextinguible.
18 de junio de 1939

CARTA

Carta a Antonio

Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio

de mi sueño y me levantas y como un dios, como un autentico dios,

como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana

con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro,

me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.

Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tu eres

el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo,

hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.

Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;

como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed

quemante de mi vida.

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Las puertas del templo

Escrito el Martes, 16 de Marzo del 2010
4
Vota!
Numerosas son las puertas del espíritu que llevan
al más íntimo santuario:
y considero las puertas del templo divinas,
pues el dios del lugar es Dios mismo.
Y estas son las puertas que Dios dispuso
que a su casa llevaran: vino y besos,
fríos abismos del pensamiento, juventud sin tregua,
y tranquila senectud, plegaria y deseo,
el pecho del amante y de la madre,
el fuego del juicio y el fuego del poeta.
Pero él que venera en soledad esas puertas,
olvidándose del santuario de más allá, verá
de pronto abrirse los cierres,
revelando, no el trono radiante de Dios,
sino los fuegos de la ira y del dolor.
chicapuerta

Las puertas del templo

Numerosas son las puertas del espíritu que llevan

al más íntimo santuario:

y considero las puertas del templo divinas,

pues el dios del lugar es Dios mismo.

Y estas son las puertas que Dios dispuso

que a su casa llevaran: vino y besos,

fríos abismos del pensamiento, juventud sin tregua,

y tranquila senectud, plegaria y deseo,

el pecho del amante y de la madre,

el fuego del juicio y el fuego del poeta.

Pero él que venera en soledad esas puertas,

olvidándose del santuario de más allá, verá

de pronto abrirse los cierres,

revelando, no el trono radiante de Dios,

sino los fuegos de la ira y del dolor.

Aldous Huxley

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Mi amante

Escrito el Domingo, 14 de Marzo del 2010
6
Vota!
Desnuda, mi funesta amante
de piel vencida y casta como deshabitada,
sacudes sobre el lecho voces
y ternuras contrarias a mis manos,
y un crepúsculo escucho entre tu cuerpo
cuando al caer en ti agonizo
en un nacer marchito, sin el duelo
comparable al temor de tu agonía.
Contigo transparento la caída
de un alud o huracán de rosas:
suspiros de manzanas en tumulto
diciéndome que el hombre está vencido,
confuso en amarguras y vacías miradas.
En ti respondo al mundo, y en tu cuerpo
respiro ese sabor de los sepulcros;
una noche no más, y tu mirada
persiste, implora y vence entre mis ojos,
decidida a una lucha prolongada
donde el recuerdo se convierte
en esa área languidez del pensamiento,
como materia de tus ojos mismos.
Lloras a veces arrojando
fúnebres aguas de perfume ciego,
como si desprendida de una antigua idea
vinieras hasta mí, tan clara
como un ángel dormido en el espacio,
a dejar evidencia, luz y vida;
y en tus lágrimas miro surgir tu suave piel
como si en ellas prolongaras
o hicieras más probable tu existencia,
derramando el aroma de tu sueño
sobre esta soledad de tu desnudo.
mujer_desnuda_en_sof_

Mi amante

Desnuda, mi funesta amante

de piel vencida y casta como deshabitada,

sacudes sobre el lecho voces

y ternuras contrarias a mis manos,

y un crepúsculo escucho entre tu cuerpo

cuando al caer en ti agonizo

en un nacer marchito, sin el duelo

comparable al temor de tu agonía.

Contigo transparento la caída

de un alud o huracán de rosas:

suspiros de manzanas en tumulto

diciéndome que el hombre está vencido,

confuso en amarguras y vacías miradas.

En ti respondo al mundo, y en tu cuerpo

respiro ese sabor de los sepulcros;

una noche no más, y tu mirada

persiste, implora y vence entre mis ojos,

decidida a una lucha prolongada

donde el recuerdo se convierte

en esa área languidez del pensamiento,

como materia de tus ojos mismos.

Lloras a veces arrojando

fúnebres aguas de perfume ciego,

como si desprendida de una antigua idea

vinieras hasta mí, tan clara

como un ángel dormido en el espacio,

a dejar evidencia, luz y vida;

y en tus lágrimas miro surgir tu suave piel

como si en ellas prolongaras

o hicieras más probable tu existencia,

derramando el aroma de tu sueño

sobre esta soledad de tu desnudo.

Alí Chumacero

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Vino de hadas

Escrito el Jueves, 11 de Marzo del 2010
2
Vota!
Me embriagué de aquel vino de miel
del capullo lunar de zarzarrosa,
que recogen las hadas en copas de jacinto:
los lirones, murciélagos y topos
duermen entre los muros o en la hierba,
en el patio desierto y triste del castillo;
cuando el vino derraman en la tierra de estío
o en medio del rocío se elevan sus vapores,
de alegría se colman sus venturosos sueños
y, dormidos, murmuran su alborozo; pues pocas
son las hadas que llevan tan nuevos esos cálices.
vino de hada

Vino de hadas

Me embriagué de aquel vino de miel

del capullo lunar de zarzarrosa,

que recogen las hadas en copas de jacinto:

los lirones, murciélagos y topos

duermen entre los muros o en la hierba,

en el patio desierto y triste del castillo;

cuando el vino derraman en la tierra de estío

o en medio del rocío se elevan sus vapores,

de alegría se colman sus venturosos sueños

y, dormidos, murmuran su alborozo; pues pocas

son las hadas que llevan tan nuevos esos cálices.

Percy Bysshe Shelley

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Primavera a la Vista

Escrito el Domingo, 7 de Marzo del 2010
4
Vota!
viajes-en-primavera-abril

Primavera a la Vista

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.

Octavio Paz

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