Preguntas a la hora del té

Escrito el Domingo, 21 de Febrero del 2010
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Este señor desvaído parece
Una figura de un museo de cera;
Mira a través de los visillos rotos:
Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,
¿Vale más el arroyo que se mueve
O la chépica fija a la ribera?
A lo lejos se oye una campana
Que abre una herida más, o que la cierra:
¿Es más real el agua de la fuente
O la muchacha que se mira en ella?
No se sabe, la gente se lo pasa
Construyendo castillos en la arena.
¿Es superior el vaso transparente
A la mano del hombre que lo crea?
Se respira una atmósfera cansada
De ceniza, de humo, de tristeza:
Lo que se vio una vez ya no se vuelve
A ver igual, dicen las hojas secas.
Hora del té, tostadas, margarina.
Todo envuelto en una especie de niebla.

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Preguntas a la hora del té

Este señor desvaído parece

Una figura de un museo de cera;

Mira a través de los visillos rotos:

Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,

¿Vale más el arroyo que se mueve

O la chépica fija a la ribera?

A lo lejos se oye una campana

Que abre una herida más, o que la cierra:

¿Es más real el agua de la fuente

O la muchacha que se mira en ella?

No se sabe, la gente se lo pasa

Construyendo castillos en la arena.

¿Es superior el vaso transparente

A la mano del hombre que lo crea?

Se respira una atmósfera cansada

De ceniza, de humo, de tristeza:

Lo que se vio una vez ya no se vuelve

A ver igual, dicen las hojas secas.

Hora del té, tostadas, margarina.

Todo envuelto en una especie de niebla.

Nicanor Parra

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